Del libro Piense y Hágase Rico vamos a analizar como la historia de esta niña nos enseña cómo tener una perseverancia que nos ayude a alcanzar nuestros objetivos. Poco después de que el señor Darby se hubiese licenciado en el “Colegio de Golpes Duros” y decidiera beneficiarse con la experiencia lograda en el negocio minero, tuvo la buena suerte de estar presente en una ocasión que le demostró que el “no”, no significaría necesariamente no.
Una tarde estaba ayudando a su tío a moler trigo en un viejo molino. El tío era dueño de una granja grande en la que vivían cierto número de obreros agrícolas de color. La puerta se abrió suavemente y entro una niña negra, hija de un arrendatario. La pequeña atravesó el umbral de la puerta y luego permaneció inmóvil.
El tío alzó la cabeza, vio la niña y le habló un tanto rudamente:
— ¿Qué es lo que quieres?— preguntó.
Tímidamente, la niña respondió:
—Mi mamá dice que me dé usted 50 centavos.
—Nada de eso— replicó el tío—. Y ahora vete a casa.
—Sí, señor —murmuró la pequeña.
Pero no se movió de su sitio.
El tío continuó en su trabajo, tan entretenido, que no prestó mucha atención a la pequeña, que aun no se había ido. Cuando volvió a alzar la cabeza y la vio allí, le gritó:
— ¡Te dije que te fueras a casa! Ahora, vete… o te daré unos azotes.
La niña replicó:
—Sí, señor.
Pero no hizo el menor movimiento para marcharse. El tío dejo caer al suelo un saco de grano que estaba a punto de verter en la tolva, asió una duela de barril y se acercó amenazadoramente a la niña, con una expresión en el rostro que denotaba su mal humor.
Darby contuvo la respiración. Estaba seguro de que iba a ser testigo de una brutalidad porque sabía que su tío tenía un temperamento excesivamente fogoso.
Cuando llegó donde se hallaba la pequeña, ésta avanzó rápidamente un paso, le miró a los ojos y chilló con todas sus fuerzas:
— ¡Mamá ha de tener esos 50 centavos!
Se detuvo, miró a la niña durante un minuto y lentamente dejó la duela en el suelo, introdujo una mano en el bolsillo y extrajo medio dólar que entregó a la niña.
La pequeña cogió el dinero y lentamente retrocedió hasta la puerta sin apartar los ojos del hombre que acababa de conquistar, de vencer. Una vez que la niña se fue, el tío se sentó sobre a un cajón y por una ventana miró a la lejanía durante más de diez minutos, silenciosamente. Estaba terriblemente asombrado del la paliza que acababa de recibir.
El señor Darby también estaba reflexionando. Era la primera vez en su vida que había visto a una niña de color dominar deliberadamente a una persona adulta y blanca. ¿Cómo lo había hecho? ¿Qué es lo que le había ocurrido a su tío para que perdiese de repente su normal fiereza y se convirtiera en un manso cordero? ¿Qué extraño poder emanaba de aquella niña para adueñarse de la situación? Estas y muchas más preguntas pasaron por la mente de Darby, pero no encontró la respuesta hasta años más tarde cuando relató el hecho.
Y cosa curiosa, la historia de esta experiencia poco corriente fue referida al autor de este libro en aquel viejo molino, el mismo lugar donde el tío recibiera su paliza.
No desista de alcanzar su objetivo, quédese hasta recibirlo como lo hizo esta niña, pero tenga cuidado que su dignidad tampoco valla a ser pisoteada.
Esta historia un poco triste nos refleja la determinación que debemos tener con nuestros objetivos, hay que tener una determinación como la de esta niña y no movernos un solo paso hacia atrás hasta alcanzar el objetivo propuesto. Pidámosle a la vida que si o si nos conceda nuestros objetivos.
Te presentamos este Master Mind basado en el Exitoso libro de Napoleon Hill, Piense y Hagase Rico, donde interiorizaremos sus conceptos y aplicaremos sus métodos y herramientas para atraer la riqueza y la abundancia, todo un mundo que vas a descubrir y aplicar en tu vida de ahora en adelante. Haga click AQUI
El «sí» detrás del «no»
Mientras estábamos en aquel viejo y ya oxidado molino, el señor Darby repitió la historia de aquella conquista tan poco usual y terminó preguntado:
— ¿Qué deduce usted de eso? ¿Qué extraño poder empleó aquella pequeña para castigar a mi tío en forma tan completa?
La respuesta a esta pregunta se hallaba en los principios que se exponen en este libro. La respuesta es total y completa. Contiene detalles e instrucciones suficientes para que cualquiera comprenda y utilice la misma fuerza a que recurrió aquella niña.
Manténgase usted alerta y observará cual fue exactamente la fuerza que acudió en ayuda de la niña. En el próximo capítulo lo verá. En algún lugar de este libro hallará usted una idea que estimulará sus cualidades receptivas y pondrá a su disposición y para su beneficio idéntica e irresistible fuerza. Puede que usted repare en ésta en el primer capítulo o en cualquier otro. Puede llegar hasta usted en forma de una sencilla idea. O es posible que aparezca como un plan o un propósito. Y, ¡Cómo no!, es muy posible, asimismo, que le haga recordar sus pasadas experiencias de fracaso y aflore a la superficie alguna lección mediante la cual pueda recuperar todo aquello que percibió en la derrota.
Al acabar de describir el señor Darby la energía desplegada por la negrita, me hizo un relato completo de sus 30 años de experiencia como agente de seguros y con toda sinceridad reconoció que su éxito en tal campo de trabajo se debía, en gran parte, a la lección que había recibido de aquella niña.
El señor Darby dijo:
—Cada vez que un presunto cliente trataba de despedirme sin comprarme, me acordaba de aquella pequeña con sus ojos brillantes por el desafío y me decía a mí mismo: “tengo que vender esta póliza”. Y le aseguro a usted que el tanto por ciento más brillante de ventas que he hecho en estos años ha sido precisamente cuando los clientes dijeron no.
Recordaba también su equivocación, cuando abandonó la empresa a tres píes de distancia del oro.
Pero aquella experiencia —añadió— fue una autentica bendición para mí. Siempre creí que el dicho: “No hay mal que por bien no venga”, era algo muy auténtico. Aquella experiencia me enseñó a insistir en persistir, aunque esto resulte una redundancia (y perdóneme), sin importar cuán dura fuese la empresa o el deseo, y era una lección que sin duda yo necesita aprender antes de que pudiese tener éxito en algo.
Haga igual que el señor Darby, no se detenga ni se deje bloquear por los “NO” que muy seguramente encontrará en el camino a su objetivo.
“Redacte aquí algo sobre lo que acaba de leer y relaciónelo con su objetivo”
Las experiencias del señor Darby eran sencillas y hasta más que sobadas; empero, era la respuesta a su destino en la vida; por lo tanto, eran importantes para él, tanto como la propia vida. Aprovechó estas dos dramáticas experiencias porque “las analizó” y vio que le brindaban una buena lección que aprender. Pero ¿Y el hombre que no tiene ni tiempo ni inclinación a analizar los fracasos para buscar conocimientos que le lleven al éxito? ¿Cómo y dónde ha de aprender el arte de convertir la derrota en escalones que le enfrenten a la oportunidad?
Este libro se escribió para responder a esas preguntas.
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Como ya se dijo antes, el poder que utilizó esta niña para dominar a este hombre lo puedes utilizar en el logro de tus objetivos. Este poder lo encuentras en los principio de Piense y Hágase Rico, solo debes de estar muy receptivo a descubrir cual este poder.
Es este poder el que utilizó el Señor Darby, como lo relata aquí, el que utilizó cada que un cliente se rehusaba a comprar una póliza, hacia exactamente lo que hizo la niña, se quedaba hasta consumar la venta.Haga usted lo mismo, a medida que estudie este libro descubrirá cual es este poder y utilícelo como lo utilizó Darby. Al igual, aprenda también de los fracasos e insista en persistir como lo dice él, ya que hay cosas que debes de aprender antes de alcanzar tu éxito. Y si no eres tan perceptivo como para aprender al modo que lo hacía Darby, pues para eso estas estudiando este libro, porque Piense y Hágase Rico contiene todos los conceptos que necesitas para alcanzar todos tus objetivos.